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Terra
La Coctelera

El Cantazo del Verano

Rosa María, adoctrinando al pequeño Ian en las supremas virtudes de la socialdemocracia

Qué grata sorpresa. Me preguntaba cuánto iba a tardar La Primera en ofrecer el reverso tenebroso de “Cuéntame”, y así, sin darme cuen, heme aquí que al final del verano me pilla desprevenido, sin intrumental de retórica guerrillera. Llegó la abuelita del verano.

Me supongo para mis adentros que ustedes han sido lo suficientemente picaruelos como para dejarse seducir, --siquiera para intuir tremendo batacazo veraniego--, por el regalito que nos brinda el canal de todos los españoles (recuerden, “símbolo de información”). ¿Quién podía sustraerse al encanto de una “serie de calidad, llena de humor, ternura y situaciones divertidas”? Para los menos curiosotes, les resumiré la gachupinada de ayer:

Eva Sagués es una mujer de esas modernas y temperamentales que tanto nos gustan que, cito, “a los 50 años decidió romper con su vida de siempre y se dedicó por completo a su trabajo como escritora y a vivir en carne y hueso la vida que siempre había soñado”. Es una abuela independiente, luchadora, con cojones. Lo que se suele decir, una mujer echá p´alante que como todos los veranos se va a pasar el veranito “con sus doce nietos –atención al dato, toditos todos con el pelamen cortado a lo bítel-- , cinco hijos y sus respectivas parejas en la masía (jajajajajajajaja) del Empordà. Si todavía no han experimentado una sonrisa maliciosa, esperen y verán.

El caso es que aquí, la abuelita, se pasa el día intentando sentar cátedra de lo que es una vida lograda –que por supuesto, no es sino la autenticidad de uno mismo frente a las espurias convenciones sociales--, ante la atenta mirada de sus nietecitos. Obviamente, a pesar de que la edad mental media de esos niños es de unos tres años, todos la admiran de forma reverencial por lo liberal y entusiasta de su discurso. En ese metacontexto tiene lugar la trama, que es nula hasta la nausea, y que no es más que un pretexto para el lucimiento de... ¡¡¡Rosa María Sardá!!! --¿acaso podía ser otra?— en calidad de enternecedora abuelita post-Felipe González. El momentazo, cuando Rosa María se marca una arenga en la mesa explicando lo que es la libertad del individuo. Pero la libertad bien entendida, eh? –Dios nos libre!—no esa de mentirijillas que se arrogan algunos, sino la suprema y libertaria libertad de la no intromisión en los asuntos privados (ole cómo apestan a Rawls los guionistas de la tele... ). JAJAJAJAJAJAJAJA!!!

Me encanta, yo ya me he hecho fan. Me voy a grabar todos lo capítulos, porque esto promete ser el contrapunto esencial a “La Mañana” de la COPE. Es que uno quiere estar bien informado, vaya...

«No es Irak ni Somalia, es nuestro hogar»

Están avisados. No esperen un alarde de antiamericanismo soez, ni piruetas sensibleras a lo Kapuchinski. Lo mío va por otras gateras.

Si algo he podido comprobar en Estados Unidos es la inmensa capa de representaciones que permea el territorio. En efecto, América es como ese reino imaginario de Borges en el que habían llegado a perfeccionar tan escrupulosamente sus mapas que cubrían por entero la totalidad de su superficie. En Estados Unidos, la perfecta articulación de sus rótulos e imágenes ha permitido una simulación tan jodidamente real de lo real que sus habitantes no necesitan ya ninguna referencia ni anclaje en el mundo de la compulsión física. Para eso ya están las señales. Como me decía un tipo en el aeropuerto de Boston: “Hay que ser jilipollas para perderse, América está hecha para negros”. En el fondo, no es sino nuestro destino como humanos, en el sentido en que la progresiva regularización del universo en instituciones –y por tanto, la progresiva colonización lingüística del mundo—nos disuade de pensar por nosotros mismos. Si algo ocurre, la cultura reaccionará en nuestro lugar.

Y hoy algo ocurre. Ocurre que la mayor fábrica de representaciones del mundo ha mostrado la precariedad de sus símbolos. Ocurre que esta espuria forma parroquiana de terceridades, significaciones y registros culturales no es suficiente. Hoy más que nunca “el barroquismo de las imágenes esconde la realidad gris de la política”. ¿Es esto negativo? En absoluto. Nos muestra la infinita superioridad del norteamericano medio en la escala evolutiva. Su incomparable fuerza proteica y conservadora a la vez, lo más grande del pragmatismo. Mueren decenas de miles de negros en las calles de una ciudad mítica. ¿Debemos por ello abandonar nuestra fe de espumillón en los mitos? Nunca. «No es Irak ni Somalia, es nuestro hogar», esa es la gran lección que hoy nos da Bush, desde hoy para siempre líder de los pueblos y las naciones frente a la amenaza alienígena.

Y no nos chupemos las pollas, amigos europeos, que si algo deberíamos temer por encima de todo es que nuestra mediocridad ni siquiera nos permite llegarles a las suelas de los zapatos.

Oriana Fallaci es boba

Pero bueno. Está tía, ¿de qué va?
Por todos es conocido el proverbial egotismo que sufren los periodistas in yeneral, y que alcanza cotas extremas de impudicia en el caso de aquellos que han sido elevados a la categoría de divos. O dictadores del pensamiento correctoide. Pero lo de Oriana Fallaci, ¿qué quieren que les diga? Me da entre risa, alergia y espanto.

Es un círculo vicioso, uno (y una, claro, no voy a ser yo el mentecato falocéntrico de turno) sale de la facultá habiéndose alimentado durante cuatro, cinco o diez años de ridículas cuchufletas demopanfletarias, con el firme convencimiento del honroso papel que los periodistas cumplen en una democracia adulta y moderna (como la española, jaja), como tótems indiscutibles de la libertad al favorecer una opinión pública sólida, competente y responsable... Y blablabla, que esto ya se lo saben ustedes de sobra, vamos.

Así, uno (a) se arroja al mundo de la prentsa persuadido (a) de que lo que sale de su impresora, por el simple hecho de su procedencia “intelectual” de la mano de un licenciado en periodismo (o sucedáneos), es simple y llanamente un Pedazo-de-Verdad. O lo que es lo mismo, que como soy periodisto, sea lo que sea lo que digo, hago, escribo, vomito, escupo o tarareo es de suyo y por la gracia del Señor un signo indeludible de la buena salud de nuestra Democracia. En fin. Esto alimenta nuevamente el ego/a, ya de por sí hinchado hasta un grado obsceno, casi exhibicionista, del individuo/a en cuestión, que ya ni siquiera se dignará en rapiñar las opiniones de otras personas para construir su discurso desbordante de pornografía personalista, y se limitará a hacer refritos de sus propios delirios subnormales.

Y luego, tras haber sido encumbrado/a al olimpo de la Opinión (publicada) con el empujoncito correspondiente del grupo mediático-editorial de turno, uno/a empieza a sacar libros como churros, convenientemente corta-pegados por los “negros” de que se disponga en cantera. Y entonces, ¿qué? Entonces uno es ya el puto-a-amo-a, soberano/a indiscutible de la República de las letras libres. Y si ya lo aderezamos con el conveniente discursito progre y salvapatrias, amén de haber estado en la línea de fuego durante años (es decir, haber mangoneado la cartera y la ingenuidad de los lectores por pasar año tras año en un país exótico vendiendo mensajes sensacionalistas, lacrimógenos y como de denuncia bajo la aureola de una dignísima reputación de reportero de guerra), lo que se cuece es el sindiós que nos presenta la superdiva, femme fatale y grano en el culo de la prentsa bienpensante occidental:

“Oriana Fallaci se entrevista a sí misma”

La dictatriz nos tenía acostumbrados a sus agrios panfletos que arremeten sin piedad contra todo lo que se supone es su propio sustento intelectual, es decir, Occidente, la Iustración y la Democracia son la reostia; todo lo demás es malo, malísimo; todo lo que nos pase nos lo merecemos por imperialistas y sanseacabó. Y cualquiera que diga lo contrario, o es un facha, o es simplemente jilipuertas. Pero esto ya es como de coña, ¿no? Primero el titulito, que se las trae. Y no voy a decir nada al respecto, porque ustedes son muy listos y pueden tener una opinión debidamente formada. Pero luego está ese cinismo incomparable que le permite juguetear sin escrúpulos con deslices semánticos y simpáticos juegos de palabras, al comparar el tumor que la está llevando a la tumba con “un cáncer, éste de tipo moral, que le parece más peligroso que el que la está matando a ella: el de la cobardía de Occidente ante la guerra que le ha declarado el islam”. ¿Se puede ser más necio y miserable?

Medioevo

El fenómeno no es, en absoluto, nuevo. El muy querido Umberto Eco ya lo había huroneado años atrás, al prever lúcida y gustosamente el regreso a una Edad Media poblada de sectas minoritarias y ultra-radicalizadas, multitud de nichos privados de poder en tensión y escolasticismo vacuo en la reflexión de los intelectuales. Otros muchos, —por poner, habría que poner a toda esa cáfila de caricatos mediáticos que se hacen llamar posmodernos— se apuntaron al carro del Apocalipsis, ya sea para vindicarlo o para vilipendiarlo. En fin, qué le vamos a hacer, para gustos los colores.

Pero lo cierto es que, por muy atolondrado, irónico o disparatado que fuera el vaticinio del semiólogo-pop italiano, no andaban muy desatinadas sus palabras. Tan sólo hay que echar un vistazo a la actualidad circundante, tan risiblemente mostrenca que p’a qué la tele. Digo yo.

1.1.- Uno se dirige a su kiosko habitual a comprar la prentsa nazional y, ¿qué se encuentra? El semanario Alba, un prodigioso risorgimento del periodismo macarra, sensacionalista y de ultra-derecha. Toda una joya, vamos. Tan divertidamente informativo, con una sensibilidad tan liberal de los asuntos mundanos que nos deja al resto de panfletos periodísticos a la altura que se merecen. Para envolver lechugas.

1.2.- Ayer, de vuelta de la oficina, mientras caminaba por el parque Tamagochi me encontré con una imagen aberrante y perfecta a partes iguales. Con una poética entre indiana, pijeras y como de vídeo promocional del opus, un grupúsculo de personas de muy diversa condición y clase se pronunciaban a golpe de christian-rock entre las miradas atónitas de la juventud basko-española. Entre vítores, jadeos infrahumanos y convulsiones estremecedoras cantaban himnos a la “pétrea” esencia del Señor. A su dureza, vamos.

1.3.- Hoy, al llegar a la oficina... Una estructura melódica pareja a la del tema oficial de OT1 era el particular benicassim que los compañeros de departamento celebraban, brazos, palmas y mecheros en alto incluidos. Pero mi sorpr esa fue mayúscula cuando, al afinar el oído pude comprobar con espanto y horror la letra que estaban coreando: "Venimus adorare eum".

En cristiano, la letra oficial de la XX Jornada Mundial de la Juventud (Colonia 2005)...

Hola, hola, hola

Bienvenidos, cacho-carnes. El Sr. Fegadero es ubicuo, como la caca. El Sr. Fregadero tiene un ego desbordante, exagerado, incluso molesto, que dirían algunos. Es vanidoso, muy cuidante de lo suyo en infinito grado.

Harto de escuchar los melindres de la plebe, hago mío un espacio de esos de mentira para colar mis penosas composiciones, que algún día serán la banda sonora del pensamiento.

Aquí encontrarán canciones y detritus varios, objeto de veneración y culto entre la comunidad heterosexual. Pequeñas joyas de orfebrería sonora. Opuses magnas en potencia. Escúchenlas.... Y disfruten, que es gratis.

Canción del día: "Esto no es tecno-alemán"